A los estudiantes universitarios:
Antes que nada me presento, soy un estudiante de Arquitectura, estoy cursando el cuarto año y hace cinco que soy parte de este ámbito hermoso que es la Facultad de Arquitectura Diseño y Urbanismo, que es la Universidad , que es Pública y que es Nuestra.
Creo que es fundamental destacar lo mucho que me ha dado este lugar y se que sobre todo le debo muchísimo, como profesional, como persona, pero sobre todo como ciudadano, porque el día de mañana todos nosotros vamos a ser diseñadores, vamos a ser arquitectos o comunicadores y vamos a mirar para atrás y decir con orgullo que somos de la UBA , que vimos caer a muchos al lado y que vimos sostenerse a tantos otros gracias y en especial, al apego y al respeto que nos debemos. Por eso es que les escribo esta carta.
Estamos atravesando un momento de crisis, más allá de la gravedad que cada uno de nosotros pueda conferirle a esta etapa, creo fervientemente que es un tiempo de cambios.
Por una suma de razones bastante graves, que fuimos entre todos, de a poco y sin darnos cuenta, aceptando como si fuesen normales; sea porque nuestros representantes no pudieron a lo largo de los años mejorar la situación de la universidad pública; o sea tal vez por intereses que no conviven con profesionales conscientes de la realidad del país; y que deben abanderar el progreso. Sea por una razón o por todas, el futuro por el que peleamos hace 1, 5 o 20 años, el futuro que mal que nos pese es responsabilidad nuestra innegablemente, ese futuro que tenemos que construir entre todos, se nos está escapando de las manos, y tenemos que hacernos cargo.
Nuestros propios docentes, el tuyo y el mío, desde el primer día que entramos a la universidad y hasta el mismo día de hoy entre tantas complicaciones, siguen dándonos clases cueste lo que cueste, y sin ver un solo centavo. Eso es grave.
Ad honorem significa por el honor, y para mí el honor es tanto que no puedo irme tranquilo a mi casa sabiendo que la persona que me está construyendo el futuro, no tiene un futuro académico cierto, ni tiene con que mantenerse, y aún así, jamás se quejó de que no cobra. Tampoco escuché nunca quejarse a un docente que hace 20 años ejerce como tal con un cargo titular y que resigna parte de su sueldo (que es bastante escaso) para que otros docentes que no tienen cargo, puedan cobrar al menos un poco.
Entonces me pongo a pensar que algo está pasando, algo no muy bueno, y algo que me toca inevitablemente y de lo cual no puedo escaparme, ni echándole la culpa a otro, ni descreyendo de la política, ni haciendo oídos sordos, porque eso, chicos, eso es lo que avala las acciones de quienes manejan a los alumnos y a los docentes como si fueran números, somos estadísticas que no tienen hijos enfermos, que no tienen bondis que se rompen, trenes que llegan tarde, y problemas para dormir. Porque la facultad, no nos da de comer, solamente nos asigna puntos, nos mete en un porcentaje y nos inserta en un sistema.
Es muy fácil para las autoridades a la hora de dar excusas, apelar a los errores, a los padrones desactualizados, y a tecnologías antiguas. Pero yo cuando veo a mi docente con ojeras arriba del colectivo, con proyectos fuera de la facultad para poder mantener a su familia y con miedo de salir a la calle a reclamar porque sus propios alumnos lo van a ver como un agitador y escandaloso, yo no veo estadísticas.
No veo estadísticas, veo personas, veo honor, veo talento subestimado y esfuerzos por demás desestimados, y me pongo triste, porque para los representantes de la universidad nosotros somos números. Pero quiero que sepan, deberían saber, que marchando por mis docentes por la avenida Corrientes hasta el obelisco, marchando por el orgullo de tener el corazón lleno de motivos justos y comprometidos, chicos, marchando por la educación pública yo no soy un número. Me siento parte de la historia, y cuando hayamos cambiado el escenario que nos rodea, cuando hayamos comprendido que somos nosotros, ¿Quién más que nosotros para construir un país? Vamos a sentirnos orgullosos y llenos.
Antes de eso nada, antes de eso debería darnos vergüenza seguir pasando rápido por delante de los alumnos y docentes que hace tiempo están parados y luchando por todos, tratando de contarnos sin diferencias que nos están faltando el respeto.
Tomémonos diez minutos, tomémonos 1 hora, 1 semana, 1 cuatrimestre si es necesario. Es preciso creer en la fuerza que tenemos como grupo, de la capacidad que tenemos como mentes y como manos. Es indispensable y no puede pasar más tiempo sin que pongamos todas nuestras manos a la obra.
Espero, desde lo más sincero, que a partir de ahora, todos y cada uno de nosotros hagamos un replanteo profundo de hacia donde vamos, replanteo de si dentro de 10 años vamos a estar contentos de tener un estudio que construye cajitas de vidrio y hace publicidades de coca-cola; o si vamos a estar construyendo un país y consolidando una patria. Nos tenemos que hacer cargo.
M.M.O.
Ignacio Luis De Palma