
Entre las más disparatadas teorías que se han utilizado desde que comenzó el conflicto en la FADU (y más especificamente en la carrera de DG) uno de los argumentos clave ha sido que quienes estaban en movimiento eran pocos, por lo cual no valía la pena sumarse.
Si bien es verdad que no somos una mayoría abrumadora, lo vacío del argumento es llamativo. O en todo caso, pregunto: las convicciones se generan a partir de lo que piensen los demás o es un devenir entre mi propia individualidad y la relación con el contexto?
Mis convicciones se negocian con el éxito de una idea, o mis convicciones son el fruto de mis reflexiones?
En todo caso...me sumo a una idea sólo porque es masiva?
Creo que las personas pueden rever sus posiciones, incluso volver sobre sus pasos. Muchas veces, hasta es saludable. Lo que no puede hacer es reconocer que una idea es válida, pero desestimarla con argucias pequeñas e insostenibles.
La paradoja es que un reclamo que debería ser de toda la facultad, es desestimada por muchos dentro de la facultad. Evidentemente, el terreno de las apetencias personales sigue siendo más intresante que la defensa de los intereses comunes. No conflictuar es también hacer carrera. En todos los ámbitos, incluso el académico. O, como escribió alguien en un post:"que sigamos haciendo esquizios de afiches, mientras otros definen políticas". Yo no se qué es mejor. Seguro que la rosca política para definir esas políticas no nos ha hecho bien. No se si esta campaña surtirá efecto. Pero de lo que estoy seguro que sirvió fue para conorcernos más.
Para bien o para mal.
O en todo caso, la prédica, más solapada o más evidente de mucha gente influyente, ha sido el no meterse. El no meterse favorece a los rosqueros, a los que en oscuras componendas terminan decidiendo nuestros destinos en la FADU. El no meterse favorece los intereses personalistas de muchos. Lo planteaba una compañera en un comentario anterior.
Se supone que la Universidad es el estadío superior de la educación. Lo menos que esperamos, entonces (tal vez entremos en cierta etapa de cinismo, lo reconzco), son excusas un poco más elaboradas.
En todo este tiempo, sentí que el contacto con los demás oscilaba. A veces sentía que éramos muchos, otras veces, que estábamos sólo los íntimos en el desierto. Seguramente algo de eso debe haber sucedido (debido a nuestras dudas, incertidumbres y contradicciones), pero de lo que estoy seguro es que obramos en pos de un objetivo justo, siendo los que fuéramos.
O en todo caso, estoy orgullos de ser parte de ese grupo de gatos locos.
Saludos a todos
Pablo Salomone














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